Corazón y razón no se hicieron para ponerse de acuerdo

Corazón y razón no se hicieron para ponerse de acuerdo
Extractos de mi misma plasmados de la única forma que sé.

domingo, 21 de mayo de 2017

All about... lies?

Me despierto otra mañana más preguntándome qué es lo que ha pasado.
No son solo los recuerdos (dejemos eso para otra entrada deprimente)
Es el hecho de ver como has sido capaz de romper todas y cada una de las promesas que tantas veces me hiciste.
Una vez me dijiste que pasara lo que pasara jamás dejarías que fuéramos dos extrañas que se evitan por la calle. ¿De verdad?

Lo dudo. 

En consecuencia, como una gran catarata viene a mi mente todo lo que dijimos, todo lo que me declaraste y todo lo que una vez más, demuestras que no fueron más que palabras vacías. Sin contenido. Sinsentido. 

No sé si el problema esta vez fue mio, por esperar demasiado de quien siempre echaba en cara mi alto orgullo, y luego demostraba -y demuestra- que como el suyo, ninguno.

No sé si el problema lo tendrás tu. No puedo saberlo.

Sólo sé que volverás. Solo sé que tendrás que afrontar la realidad. Y lo que no sé, es si estarás preparada para las consecuencias. 


Me reitero.







sábado, 25 de marzo de 2017

More goodbyes

Raro, como mínimo.
Un poco idiota.
Tener la sensación de que un pedazo de tu alma se va con ellos. Con su historia. Con lo que te han hecho vivir.
Acostumbrada a vivir con ellos todas las aventuras de sus vidas. De criticar sus decisiones.
Pero al fin y al cabo, a acostumbrarte a ser parte de ese todo.

Ahora más no.
Todo termina. Y tu estás aquí.
Preguntándote ahora qué.

Son muchas despedidas últimamente, muchos vacíos sin querer, ni poder ser rellenados.
Muchos pedacitos de alma con historia que se apelotonan en la boca del estómago queriendo salir.

Irse, de nuevo.



No sé si esto es simplemente el entrenamiento para las despedidas que vendrán. Los adiós a las personas que creímos eternas. El entender por fin, que nada es permanente. El crecer. El llorar. El aceptar los finales.

Y por ende, aceptar las despedidas.


                                   Odiarlas, pero acostumbrarse a ellas.

viernes, 2 de diciembre de 2016

And I wonder where were you

Una de las cualidades que más valoro en una persona es la espontaneidad. La capacidad de sorprender a los demás. De improvisar sin pensar demasiado.

No me gusta por el contrario pedir esas cosas, es decir, que me sorprendan, sean espontáneos o improvisen conmigo.
Me gusta ver a la gente como es, sin necesidad de entrometerme. Sin necesidad de pedir palabras bonitas o gestos románticos.

Por el contrario, siempre me encuentro con personas que solamente piden. Que intentan amoldarte a su personalidad. Que intentan que seas poco menos, esclavo de sus necesidades sentimentales.
El problema nunca ha sido dar en mi caso.
El problema es cuando agotan tanto mi paciencia que desbordo.
Y es cuando desbordo que descubro el amargo regusto a realidad "tu para mi sí, yo para ti no".

Nunca ha sido una exigencia.
Nunca nadie ha escrito que si recibes tienes que dar.
Pero se supone que cuando te importa una persona tiendes a ceder, aunque sea un poco.
Aprendes a dar si quieres recibir y recibes acorde a lo dado.




Entonces digo yo, si tanto te he dado,




                                                        ¿donde estabas tú cuando lo necesitaba?

domingo, 6 de noviembre de 2016

Don't let me down

Nunca he sido de las personas a las que les gusta exigir a las otras el otorgamiento de cosas (inmaterialmente hablando).
Nunca he pedido mensajes de despedida, ni bonitos saludos por la mañana. Eso son cosas que salen solas, y que, si las tienes que pedir ya pierden toda la esencia.
Nunca pedí mensajes de amor borracha, o confesiones cuando la otra persona no las quería dar.
Me gusta sentirme libre con las personas y por ello trato que sea recíproco.
Solo hay una cosa que pido.
Solamente una.
Y no hay manera.
No sé si será culpa mía por esperar demasiado de la gente.
Se supone que cuando no esperas nada de nadie no te decepcionan pero el problema es que por mucho que ahora me encantaría poder ser así,
                                                                                                                         no puedo.
No puedo vivir de meras relaciones cordiales.
Siempre he cuidado mucho el no decir "decepción" al voleo. Demasiado contundente y con demasiada carga emocional detrás.

Pero peor que decirlo siempre está el sentirlo. El sentir como aquellas raíces que creías tan bien conectadas y que te hacían crecer como persona, lo único que al final hacen es demostrarte que deberías haber optado por la vía fácil.


jueves, 11 de agosto de 2016

Consequences of growing up.

Siempre había sido fiel a la frase "wake me up when September ends".
Nunca le habia gustado Septiembre. Podian ser nuevos principios, pero lo que se dejaba atrás siempre nos pesaba más.
Conforme vamos creciendo esas preocupaciones por lo que dejamos atrás ya no se quedan en los paseos nocturnos, los días de playa o las puestas de sol comiendo helado.
Esta vez lo que debemos dejar ir son personas. ¿Y cómo hacerlo de la forma correcta?
Nunca se me han dado bien las despedidas, ni los finales, ni el tener la ultima palabra.
¿Cómo afrontar que se lleven un pedazo de ti? ¿Cómo afrontar que te arranquen ese pedazo necesario?
Intento ser fuerte, positiva. Pensar en tu felicidad.



Pero la verdad es que esa fortaleza a veces se me acaba y solo tengo fuerzas para odiar Septiembre.

sábado, 13 de febrero de 2016

And then, everything is dark

Lo más duro no es  saberlo, lo más duro tampoco es el momento en el que te lo dicen. Puede ser chocante, sí. Puedes echar a llorar y no poder parar, pero eso no es lo peor.
Lo peor es cuando te quedas sola, cuando es de noche, cuando estas sola contigo misma. Cuando llega el momento de la aceptación.
Y es que las puñaladas duelen pero lo que más duele es darte cuenta de dónde proceden esas puñaladas.
Extraña manía humana, ¿ no?
Justo aquellos que más te conocen, en los que más confías son los que al final más daño te hacen, consciente o inconscientemente. Pero el daño, sigue estando hecho.
"Tienes que abrir tu corazón y dejarte llevar" -me dicen muchas veces.
Pero ¿para qué? ¿Sirve de algo?
Al final acabas siendo un títere con el que aquellos que llamabas amigos se ríen, te usan y luego tiran como a un juguete viejo.



Y no es que quiera, pero es a lo que nos obligan.

domingo, 25 de octubre de 2015

Partidas

Sabías que iba a pasar, sabías que tarde o temprano la despedida llegaría. No podía ser de otra forma con alguien como él.
Aún así, por miedo, o simplemente por creer no estar preparada dejaste que el inevitable proceso acelerara.
Intentas no echarte la culpa, pero ves como aquel avión con el que por fin volviste a sentirte viva se marcha sin intenciones de volver.
Abajo quedas tu, resignada a seguir tu vida.
No sé si llamarlo destino o conformismo. Puedes disfrazarlo con el proceso de madurez, pero al final da igual.


Duele igual.